VIA Inclusiva hacia el aprendizaje a lo largo de la vida

Proyecto VIA. Fundamentos

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Carme, directora, 9/07/2016

Cuando hablamos de la formación postobligatoria de las personas con diversidad funcional , y en especial para aquellas que encuentran mayores barreras para su desarrollo personal y humano, parece que todo aquello que luchamos y reivindicamos en etapas formativas anteriores se diluya y pierda fuerza y valor moral para seguir siendo exigible. ¿Se acabó la etapa de aprender juntos? ¿Y empieza la etapa de aprender, solo aprender, aunque sea de forma discriminada? Quizás muchos piensen de ese modo, porque al fin y al cabo la sociedad es cruel, tener un trabajo es casi un lujo aunque sea precario, y poder llevar una vida independiente cada vez es más difícil para muchos. En cambio, durante la infancia y parte de la adolescencia parece más mayoritariamente aceptado que los alumnos se eduquen en las mejores circunstancias posibles, respetando sus derechos y necesidades. Aun así, todos sabemos que muchos de ellos por razón de diversidad son discriminados bien tempranamente y apartados del sistema educativo ordinario. Cuando la etapa obligatoria finaliza, las oportunidades de seguir formándose para la vida laboral y para la VIDA en sí desaparecen o carecen de la dignidad requerida. ¿Es posible seguir reivindicando en tal escenario una formación Inclusiva y de calidad, ajustada a las necesidades de los alumnos y ciudadanos más vulnerables? No solo es posible sino que es deber y obligación de toda sociedad que se precie como respetuosa con los derechos humanos fundamentales.

La formación después de la etapa obligatoria ,al amparo de la Convención de la ONU de los derechos de las personas con discapacidad, debe ser por tanto inclusiva, tanto si nos referimos a una formación profesional o a la formación continua durante todo el ciclo vital. La pobre oferta existente en nuestro país de programas específicos y exclusivos para alumnos con diversidad funcional, acaba siendo aceptada y apoyada bajo argumentos como por ejemplo que la formación para la vida laboral debe ser específica y especializada, a la vez que orientada a la excelencia y a la máxima productividad. Se justifica la exclusión en pro de la capacitación selectiva para una sociedad productiva. Los principios y los valores que acompañan a la educación inclusiva hasta que el alumno acaba la secundaria y que conforman derechos fundamentales, en los casos en los que por suerte éste no es apartado del sistema ordinario, son substituidos entonces por actitudes altamente pragmáticas nacidas de un sistema que se resiste a reconocer que todos sus integrantes tienen los mismos derechos, por razones que todos sabemos, principalmente de carácter económico e intereses personales diversos cuyo abordaje excede el objetivo de esta discusión. Los derechos deben acompañar a la persona a lo largo de toda su vida, y no sólo durante determinadas fases de la misma. La etapa postobligatoria implica para todos los alumnos tomar decisiones trascendentales para su futuro, elegir un camino u otro y tomar una dirección determinada aunque no por ello inflexible. El derecho a “elegir” como base de la autodeterminación personal, no debería tener nunca como efecto la exclusión de sujetos que por razón de diversidad pudieran suponer una “amenaza al desempeño” de algunos de los electores y sobre todo para el propio sistema educativo postobligatorio, que sigue navegando contracorriente de la propia realidad y de la demanda social y laboral del siglo XXI. Por otro lado hay que tener en cuenta que el mercado laboral actual no solo demanda competencias específicas sino que cada vez más se valoran como prioritarias determinadas competencias transversales actitudinales y sociales. Se hace necesario en este escenario que la formación postobligatoria no sea selectiva en el sentido de excluir determinados perfiles de alumnado. Solo la diversidad puede promover determinados valores y activos sociales que son los que acabarán marcando la diferencia entre una sociedad verdaderamente democrática, justa , solidaria y mucho más avanzada en su desarrollo social ,y una sociedad vacía de humanidad y abocada a su propia muerte social. El aprendizaje a lo largo de la vida es un derecho fundamental de todas las personas, independientemente de sus circunstancias particulares. Y este aprendizaje conlleva implícitamente en su significado y objetivos la oportunidad de realizarlo en entornos sociales diversos e inclusivos. Si no, ¿qué sentido tendría para esa sociedad a la que queremos tender, el privarnos aprender juntos, la única forma que puede hacernos crecer como seres humanos y desarrollarnos integralmente en nuestro máximo potencial? Debemos partir entonces de la elección personal de uno u otro aprendizaje, de otorgar capacidad de decidir a todas las personas, haciendo este derecho accesible sin excepciones. Y en cada elección la sociedad debe brindar oportunidades de efectividad “inclusivas”. La Inclusión es un derecho que impregna todos los ámbitos determinantes para el desarrollo de la persona, desde que nace hasta que muere. Se debe tender a erradicar cualquier enfoque educativo en cualquier etapa vital que limite las oportunidades de desarrollo personal. Y es evidente que para ese desarrollo personal todos necesitamos de todos. Descubrir e inventar nuevas formas de accesibilidad, flexibilizar la oferta formativa adaptándola a las necesidades de cada persona dentro de “escenarios y contextos comunes e inclusivos” es un apasionante reto en este camino. Los programas formativos específicos para personas con diversidad funcional deben ser eliminados y substituidos por otros que respeten su dignidad y les permitan tanto a ellos como al resto de personas aprender juntos. No podemos aceptar una sociedad que excluye en función de las capacidades o circunstancias vitales diversas. No podemos desvincular nuestra condición social y humana ,que nos define y nos construye como seres humanos , de ningún acto comunitario en el que participemos. El desarrollo humano y social no acaba en la secundaria para nadie. Continúa a lo largo de toda nuestra vida. Y para ello necesitamos compartir y crecer con personas diversas . Una formación postobligatoria inclusiva sin duda va a facilitar entornos laborales inclusivos de forma natural y no traumática. Sin duda un paso de gigante en el camino a una sociedad Inclusiva.

El proyecto VIA de la Fundación Gerard apuesta firmemente por ello. Queremos crear oportunidades para todos y trabajaremos por esa formación postobligatoria inclusiva, para los que ya gozaron en la etapa obligatoria de tal derecho y también para los que fueron apartados a centros de educación especial en la misma. Vamos a poner toda la creatividad posible al servicio del diseño de fórmulas sostenibles que permitan la consecución de tal objetivo. Porque creemos que es posible y que nos hará mejores personas a todos.

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