De las tinieblas y la oscuridad a los Derechos y la Dignidad

De las tinieblas y la oscuridad a los Derechos y la Dignidad

Carme Fernández Oliva, Directora Fundació Gerard

“La vida humana es vida, porque siempre hay un prisionero liberado, y un sol esperando” Emili Lledó

El “Mito de la Caverna” (libro VII de la República, Platón) narra cómo en una caverna viven unos extraños prisioneros inmovilizados de tal forma que no pueden salir de ella, ni moverse, ni voltear la cabeza. Solamente ven aquello que tienen delante. Detrás de ellos un fuego, y entre el fuego y ellos un muro. Otros extraños personajes pasean figuras de animales y personas por encima del muro a modo de titiriteros, cuyas sombras se proyectan al fondo de la caverna delante de los prisioneros, por el efecto de la luz del fuego. Los prisioneros solo conocen esas sombras, a las que atribuyen sus propias voces y las de los personajes que pasean a sus espaldas. Un día uno de los prisioneros logra escapar, asciende hasta la puerta de la caverna y la luz del exterior le ciega...al principio. Sus ojos doloridos, acostumbrados a ver en las tinieblas, se resisten a abrirse, a ver la luz, y vuelven a mirar atrás en uno y otro intento de recuperar lo que había sido una placentera vida...hasta el momento. Pero la fuerza de la luz, lejos de castigar a esos ojos, los ilumina, y los acomoda poco a poco capturándolos para siempre. Después el prisionero decide volver a la caverna para ayudar a liberar a los compañeros que quedaron allí, y allí encuentra burla, persecución...y la muerte.

Son muchas las interpretaciones que se han realizado de esta alegoría a lo largo de la historia y desde perspectivas disciplinares diversas. Personalmente, cuanto más pienso en ella más veo reflejada la realidad que nos rodea. Voy a apuntar algunas reflexiones con el objetivo de encontrar una alternativa a tan dramático final, por otro lado tan real y cercano, pero que me resisto aceptar.

A menudo cometemos el error de creer que lo que siempre se deviene de una forma concreta, siempre se devendrá de la misma forma. Y creer esto así, hace que nosotros mismos contribuyamos a escribir ese futuro que no nos gusta, una profecía auto- cumplida. Las personas tendemos a percibir como real y verdadero aquello a lo que nos hemos acostumbrado a ver, oír y conocer. Al igual que para los prisioneros de la caverna las sombras eran la única realidad posible. Como ellos, nosotros también vivimos en nuestra caverna, de algún modo.

Pero nosotros a diferencia de ellos hemos visto la luz en algún momento, aunque sea tan solo un pequeño atisbo, y conocemos de su existencia, y es por eso que podemos afirmar que la caverna es una prisión. Ellos por el contrario, desconocen su condición de prisioneros. Aun así, son numerosas las cadenas que nos aprisionan en nuestro conformismo, cuando aceptamos y nos apropiamos de palabras que no son nuestras, ni sentidas, ni buscadas, ni contrastadas, ni escuchadas, ni discutidas, ni cuestionadas. De esta forma, muchos son los discursos que atentan contra la dignidad humana, que la hieren y la maltratan, pero que calan y se instalan en las mentes de muchos por proceder de los poderes fácticos, envenenados y seductores, y apaciguadores de conciencias. Y muchos de ellos, prisioneros...sin saberlo.

Pero la libertad de pensamiento, eso que nos permite analizar y pensar sin constricción, (excepto en el caso que alguien sea prisionero del pensamiento...de otros), nos ofrece la opción de elegir qué palabras y qué discursos conforman la realidad que deseamos, la realidad respetuosa con la condición humana, la que nos dignifica.

Cuando algunas de esas personas conformadas a una realidad que maltrata la Dignidad humana consiguen acercarse a la luz, por voluntad propia o por invitación de otras, a menudo -al igual que pasa con el prisionero de la caverna- se resisten, no la reconocen como tal, duelen los ojos al mirarla y ensordece su voz. Entonces algunas de ellas puede ser que intenten volver a su anterior realidad (muchas lo consiguen), a las tinieblas, donde vivían cómoda y plácidamente sin que nada ni nadie perturbara su ser. El camino de las tinieblas y la oscuridad hacia la verdad, los derechos y la Dignidad es doloroso, para aquellos que nunca han visto la luz, para los que la conciencia y la carencia de memoria histórica no les permiten visualizar la caverna desde la posición privilegiada del exterior de la misma, como espectadores de lujo. Otras preferirán quedarse en tierra de nadie, sin llegar a la luz, pero tampoco volviendo atrás, navegando entre la duda, la desconfianza e incluso el miedo. Las más valientes, o las más voluntariosas, conseguirán despojarse de sus cadenas, de sus engaños y de sus autoengaños, y nunca más volverán la vista atrás. Amarán la luz por encima de todas las cosas e intentarán ayudar a aquellos que prefirieron quedarse en la oscuridad, y a los que se instalaron en tierra de nadie.

¿Por qué si somos libres cuesta tanto elegir el camino de los Derechos y la Dignidad? ¿Por qué cuesta tanto liberar a un prisionero que solo conoce la realidad que los “títeres” les enseñan? ¿Por qué los “títeres”, o mejor dicho, los “engañadores engañados”, colaboradores de los verdaderos artífices de la farsa, no se sublevan contra ellos? Al fin y al cabo, son tan prisioneros como los primeros. ¿Quiénes son los ideólogos del muro, de los títeres y de las sombras? ¿Por qué tienen tanto interés en que el fuego no se apague para que las sombras no desvanezcan nunca? ¿Cuáles son los motivos de su “mala fe”? Esa mala fe, como bien explicaba Sartre, les convierte en objetos de su propio autoengaño, porque aun conociendo la verdad y siendo libres para elegirla, prefieren el camino de la mentira y de la farsa. Y cuando esto no les funciona, despliegan todas las armas a su alcance para achicar, amedrentar, y eliminar si cabe a todo aquel que se les enfrente y a todo aquel que intente desenmascararles.

Nadie nace conociendo la luz en un mundo lleno de sombras. Todos, quien más quien menos, hemos sido prisioneros del engaño en algún momento de nuestras vidas. A unos nos ha costado más que a otros liberarnos de tan pesadas cadenas, pero lo importante es que si unos lo hemos hecho, muchos otros podrán hacerlo también, más con nuestra ayuda. Porque como decía anteriormente, la memoria histórica y colectiva nos brinda la oportunidad de siendo libres como somos, seguir las huellas que nos conducen a los Derechos humanos y a la Dignidad, así como sortear aquellas otras que los manchan y los torturan ...por la “mala fe” de muchos.

Los que manejan los hilos de las tramas de los engaños, por “su mala fe”- embebidos por el poder, las recompensas, los egos, la arrogancia, la acomodación y la buena vida entre otras cosas- conocen la luz, como el que más, pero no la sienten en su corazón, no la respetan, y han elegido libremente “ser” sin ella y que los demás también “sean” sin ella. Sin darse cuenta quizás que ellos también “son” gracias a ella. Pero para ello necesitan de un gran ejército de títeres a su servicio, los “engañadores engañados”, que bien recompensados no se atreven a mirar qué hay detrás del muro. Al fin y al cabo, los prisioneros son otros...o eso creen. Por último los prisioneros, los inmovilizados, los que nunca han conocido más que sombras, ¿qué motivación podrían tener para cuestionar esa realidad tenebrosa? El entramado inunda a la sociedad entera, en todas sus capas, y pocos son los que pueden considerarse “libres”...de verdad.

Dramático escenario en el que vivimos pero, quizás haya otra posible interpretación, y otra posible solución. Porque si la caverna es una farsa, nada es real. Tampoco la luz brilla en su exterior, y tampoco hace falta sufrir para salir de ella. Como dijo Emili Lledó, no cabe mejora ninguna si no se cambian las reglas del juego. No hay que abrir ninguna puerta a la esperanza, no hay que esperar que algún día los Derechos Humanos y la Dignidad de todos nosotros “sean”, porque la realidad es que “son”. No hay que ayudar a los prisioneros a salir de la oscuridad con el riesgo de perecer en el intento. Es la luz la que debe entrar en la caverna e inundarla, haciendo desaparecer las sombras ipso facto.

La luz es la voz de los que somos realmente “libres”, y es la memoria de las voces que también fueron “libres” antes que nosotros.

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3 Respuestas

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